Copia de Copia de este si que si copia copia

Que bonita cara tienes, si tú, la que con luz propia brilla.

Pero que fea resultas ser, si, tú, la sombra que siempre la mancilla.

Abandóname preciosa luz de esperanza, ahora tu brillo no quiero ver, porque con el una sombra siempre va.

Sombra que me recuerda una eterna verdad.

 

Linkin Park – Castle Of Glass.

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La cuenta atrás es la música que ella pisa dejando tras de si huellas pintadas por zancadas anchas.

Una ciudad, maltratador decorado, la saluda y despide a cada paso. 

Metal con cemento frío y conciencia nula que un trozo de ella recoge y se queda.

Entre sollozos avivados por un corazón terriblemente agitado en una de esas calles demasiado iguales detiene el paso, acto que hace que un diminuto auricular en su oído hable.

No te detengas, le dice sin emoción en una voz conocida que no se parece a nada oído, y comienza a correr de nuevo sin casi recuperar el aliento sabiendo que a penas queda tiempo.

La estrecha calle elegida termina en el comienzo de cuatro direcciones nuevas, tan iguales a las anteriores que transforman convicción en duda.

Agachada respira entre ahogos mojando el asfalto con una mezcla de sudor y lagrimas sitiendo la perdida mas cerca, por lo que allí parada se alza gritando a la nada.

¡¿Qué hago ahora?! Pregunta, pero en su oído la voz calla.

Mira al cielo cegada por un sol que maltrata, y dejando ver todo su anhelo se desgarra la garganta.

¡Se quién eres!   

¡Mírame y no te escondas! ¡Escucha mis palabras! No te vallas.

Perdóname vida mía, disculpa mi traición cobarde, arrodillada suplica.

El llanto y la suplica no acompañan al cobarde, esta vez es amigo del que no se rinde. Del que movido por el coraje y el deseo afronta un destino incierto.

Emociones que aprietan su garganta, que estrechándola la asfixia castigando un pasado de  cobarde resultado.

Pero también es prueba. Prueba que tal vez se convertirá en oportunidad nueva.

 

 

Sus ojos abiertos comienzan a ver un techo blanco que antes le pareció cielo de asfixiante sol intenso.

En una cama de olor neutro siente su cuerpo antes desesperado y cansado reposar sereno y  quieto, difuminando una aterradora carrera que ahora estática queda.

La consciencia de lo real la devuelve a la vida. Vida que no quiso pero por la que con avidez, segundos antes corría.

Quiero vivir susurra a las caras que la miran con voz reseca y tranquila, entonces escucha a alguien que pronuncia su nombre y afirma:

Pues esta es tu oportunidad, porque has vuelto a la vida.

24. 

Decidió esconderse un día, el día que se convirtió en mentira.

Maquilló por primera vez su cuerpo, y por primera vez fue mirada.

Miradas regaladas que el ego suben. Ojos mudos de azul intenso que no son nada.

 

Ahora se retuerce dentro de pupilas ajenas que con fijeza la siguen pero son ciegas. Y ella en su verdad llora de rabia sola en su día a día.

El reflejo en el espejo no le gusta aunque  sabe que esa es ella, y no la que ellos miran.

Llama y nadie la oye, tal vez porque, ¿es muda? o porque, ¿los ojos no escuchan?

 

Frente al espejo ríe cuando en el pasado piensa, ya no calla pero habla bajo para que solo quien de verdad quiera pueda oírla.

Ya no importan las miradas ciegas. Ya no busca entre ojos que solo observan.

 Aun así sabe que nada en el fondo cambia, no en un mundo en el que nunca se es demasiado bella.

Morgenstern.

_Se dice, se comenta_ le cuenta un vecino a Sam_ que en las ultimas noches, un ser de las tinieblas sale del bosque. Se que es cierto porque yo lo he visto.

 

Sam es un policía novato acosado por lo mas extrambótico de un pequeño pueblo norteño. Pueblo al que se trasladó hace no demasiado directamente del sur donde vivía en una ciudad que le encantaba.

No demasiado pequeña, no demasiado grande, y con un clima caluroso, lo que siempre le había gustado.

Ahora su hogar se ubicaba en la antitesis de todo lo que creyó perfecto.

Demasiado frío, demasiado verde, y demasiado lleno de supersticiones que ya empezaban a cansarlo.

 

La cara de Sam hablaba por si sola, nada de lo que le cuenta ese hombre le interesaba.

_ ¿Como era la criatura?_ Preguntó mecánicamente al aldeano con total indiferencia.

El rostro del vecino antes de contestar enrojeció, un rojo lleno de emoción que a Sam irritó.

El joven policía solo pensaba en la manera de quitarse de encima a ese estúpido hombre de lengua viva y primitivo espíritu. Pero nada podía hacer más que escuchar en silencio y esperar a que se fuera.

_Pues era un hombre alto_ Explico el hombre demasiado feliz de ser escuchado para el gusto de Sam _ y, y unos ojos, ¡ohh! Sus ojos, esos siniestros ojos…_

_Vaya al grano señor_ Sam solo sentía que la paciencia tenia un limite. También debía ir a comprar pan, ya habían pasado 5 minutos del final de su turno laboral y no quería esperar más, pero lo hacía, y por ello, mil veces se decía a si mismo tonto.

_ Bueno, es que no se como describirlos, era de noche, ya sabe_

_Lo se, continúe_

_Pues no se, eran unos ojos extraños_

_Ya, creo que eso lo ha mencionado antes, ¿algo que no halla dicho?_

La cara del policía, ahora mas severa, animó a que las dudas del vecino desaparecieran para acabar diciendo:

_Él, ese ser, tenía la piel de un hombre, pero no era de este mundo_

Y entonces Sam pudo regresar a casa.

 

Como todas las mañanas antes de llegar a la comisaría Sam se paraba a desayunar en una cafetería no demasiado cercana a su casa pero si en medio del camino entre el lugar donde vivía, en las afueras, cerca del bosque, y el trabajo.

Solía ir andando creyendo en la ventaja de una buena caminata mañanera ya que prácticamente era el único esfuerzo físico que hacía durante todo el día en ese monótono pueblo. Por otro lado, siempre le había gustado andar, era algo que no le costaba demasiado.

 

Liz, como todas las mañanas le sirvió un café solo con mucho azúcar que era lo que Sam siempre pedía, y dedicándole una mirada furtiva junto a su mejor sonrisa se lo puso en la barra con delicado cuidado.

No es que a Sam no le llegara el mensaje de la joven, era una señal clara, Solo que no se veía liado con una adolescente a la que le doblaba la edad por muy guapa que esta fuese.

En un pueblo envejecido siempre era agradable ver a una hermosa mujer insinuarse a uno, incluso le hacía sentirse mas joven, y tal vez ella era el motivo por el que siempre paraba en ese café, pero tenía claro que no iría mas allá con ella.

 

Ya en la comisaría la mañana, como casi todas, transcurría tranquila.

Demasiado aburrido el ambiente para su gusto, aun así prefería ese lento paso del tiempo a las locos días en los que a los aldeanos les daban por pasar el tiempo contándole historias de poco o ningún interés.

 

Entonces algo hizo aparición entre el sopor.

Asomándose por la ventana de la oficina, una mujer acerca la cara al cristal intentando ver el interior del establecimiento, como un niño en el cristal de una tienda de golosinas.

Sam, junto con Clara, una policía veterana que se dedica exclusivamente al trabajo de oficina, se fijan en ella.

Sam mira a Clara un momento para saber si conoce a esa mujer que curiosa observa a través del cristal, pero viendo la negativa en sus ojos se levanta dirigiéndose a la entrada, y abriendo la puerta pregunta a la mujer fisgona.

_ ¿Quiere algo?_

Se escucha el tintineo de la campanita que avisa en lo alto junto a la voz de un Sam soñoliento que espera respuesta.

La mujer al oírlo se sobresalta dando un gritito antes de mirarlo, cosa que hace que a Sam se le escape una sonrisa a la vez que la invita a entrar y toman asiento.

Sentada frente a él, separados por un escritorio típico de comisaría, la mujer observa nerviosa mientras el policía la mira.

Nunca había visto a esa persona por el pueblo. No parecía una vecina, y se veía fuera de lugar allí, cosa con la que se identificaba.

Cuando la mujer lo miró, después de las dudas del momento, y Sam pudo ver mejor sus ojos, el corazón le dio un vuelco del que no se recuperó en todo el rato que la tuvo cerca.

El color, o más bien, los colores en sus ojos, un ojo negro, el mas negro que jamás viera, y otro azul. Azul como el mas claro de los cielos, perturbó su conciencia de normalidad impuesta.

Fue impactado aunque lo disimuló bien, sabia como ocultar sus emociones. Una deformación profesional que a veces venia bien.

Era guapa, no tenía dudas al respecto, también había algo gracioso en sus movimientos que atraían su mirada. Fue como ver una pantera disfrazada de gatito ronroneante.

_ No se como empezar_ Comenzó la mujer a hablar cortando todo disparatado pensamiento.

Sacó una foto de un pequeño bolso de mano atípico por aquel lugar dándosela a Sam que la cogió de inmediato.

Fue mas bien un impulso fortuito poco pensado que algo que quisiera hacer concientemente.

Se fijó en la foto.

Era la imagen de un hombre alto sosteniendo la mano de una niña de aproximadamente 2 años.

_ ¿Que tiene de especial esta foto? Antes de eso, ¿puedo saber su nombre señorita?_

_ Me llamo Alma Carila Owens, y esta foto es la única que tengo de niña_

_ Y, ¿quién es el hombre?_

_ No lo se_

Sam volvió a echarle un ojo a la fotografía. Vieja y estropeada teniendo como telón de fondo la fachada de una casa.

_ Pues no entiendo a donde quiere llevarme señorita Carila _

_ Llámeme Alma agente_

_ Muy bien Alma, mi nombre es Sam_

Alma lo miro seria, severidad que hizo ver al policía lo poco que le interesaban las presentaciones.

_ No recuerdo cuándo me la hicieron, como ve era muy pequeña para eso pero, bueno, fui al orfanato donde me criaron y nadie sabe quien es_

_ ¿Y…?_

_ Es lo único que me une al pasado, me gustaría saber algo sobre este hombre_

_ ¿Así que se crió en un orfanato?_

_Si señor, hasta los 18 años_

Sam se mostró amable aunque de forma algo forzada.

_Valla, siento oír eso_

La mujer volvió a observar el lugar con nerviosismo, como si fuera a decir algo tonto o poco creíble.

_ He escuchado a los aldeanos mencionar_ Comenzó a hablar_ cosas sobre un hombre que aparece de noche en este pueblo. ¿Sabe algo al respecto?_

La cara de Sam simplemente se torció, pensar en volver al tema del hombre tenebroso que aterroriza al pueblo en las noches simplemente no era algo de gusto para él. Pero que se le iba a hacer, por lo menos no se lo estaba contando un anciano aburrido con ganas de ser oído. Esta vez era una mujer joven y guapa, igual de loca posiblemente pero se conformaba.

_ Bueno, yo no daría demasiada credibilidad a los chismorreos de por aquí_

Comenzó a escudriñarla serio, expectante, a la vez que suplicaba en silencio porque hubiese una posibilidad de cambiar el tema de la conversación aun sabiendo solo con mirarla que eso no pasaría, que insistiría hasta que él la echara a patadas.

_Dicen que es alto y de ojos extraños. Como los míos_

_ Mire señorita_

El policía suspiro agarrándose el entrecejo con los dedos antes de volver a hablar con la esperanza de llenarse de paciencia para no perderla.

_ Mire alma Carila Owens, siento mucho haberla hecho perder el tiempo pero… _

La mujer, sorprendiéndolo, se levantó como un resorte dando un golpe con las palmas de sus manos en la mesa visiblemente contrariada, cortando la palabra a Sam en seco.

_Agente, por favor, solo escuche lo que tengo que decirle. Solo le pido eso.

La comisaría está vacía. No tiene nada mas que hacer en este momento, ¿verdad?_

La cara de la mujer chocaba en los ojos de Sam desde el momento en que la vio.

Era un bello rostro juvenil y de apariencia bondadosa que totalmente poseído por sus escalofriantes ojos daban lugar al conflicto. Cosa que podía ser injusto, pero lo hacía desconfiar.

Al parecer las locuras de ese pueblo eran contagiosas, y él no era inmune a ellas.

Aunque bastó ese momento. No había duda de lo que ahí ella mostró.

Vio a una mujer pidiendo desesperadamente ayuda.

_ Creo que he sido un poco insensible_

Sam, contrariado, cambió de actitud ante la mujer abriéndose un poco a lo que explicaba en un intento de sentirse mejor consigo mismo.

_ ¿Quiere un refresco?…_ Preguntó sonriente.

Ella no respondió sentándose mas tranquila en la silla.

_En fin… está bien, la escucho.

Dígame, no la interrumpiré ni pondré en duda hasta que acabe por muy absurdo que todo me parezca. Le doy mi palabra_

Sam, mas relajado tranquilizó el ambiente, y con ello a la chica que, tras un silencio comenzó su historia.

 

_No se nada de mi infancia, ni como fui encontrada ni si quiera poseo nada de quien me abandonó.

Solo está foto que está hecha, detrás pone la fecha, hace 25 años, yo tendría unos 2 en ella.

He estado investigando un poco.

Fui hace 5 años al orfanato en el que me criaron y las monjas mas mayores me contaron que solía ser una niña retraída y muy imaginativa.

Me dijeron que siempre estaba sola y que tenía como único compañero a un amigo imaginario, el cual estuvo en mi mente hasta los 14 años.

A partir de ahí comencé a ser una niña normal.

Me fui a la edad de 18 años, y he vivido en diferentes lugares desde entonces.

Suelo mudarme a menudo.

Así que lo único que me quedó claro es que no sabían nada del hombre_

 

_ Un amigo imaginario, ¡ya! ¿Y?…

Creo que buscar a ese hombre no es competencia mía_ Respondió el policía.

Sam, no pudo evitar dar a entre ver el hecho de no interesarse demasiado por la petición de su interlocutora.

La mujer frunció el ceño, como si de una niña enfurruñada se tratase sacando a la vez de su pequeño bolso de mano una cartera de piel.

_Tome_ Dijo muy seria y digna. _ Estas son las facturas de cada uno de los hoteles en los que me he hospedado.

Infórmese y verá algunas de las denuncias de estos pueblos. Muchas, durante el tiempo que viví en ellos tienen un nexo común…_

_ ¿Pero que…? Está bien, ¿Qué tipo de denuncias? vaya al grano por favor_

Sam, falto de toda paciencia olvidó su decoro.

_ Un hombre alto que en las noches sale del bosque y aterroriza a los vecinos.

Un hombre de ojos bicolor, exactamente como los míos_ Alma abrió y acerco sus ojos a la cara de Sam para que los viera mejor.

_¡¡No me joda…!! No se que busca pero creo que ya dejó de importarme_

Sam levantándose de la silla dio por zanjada la conversación mientras la mujer seguía hablando.

_Solo compruébelo agente. Es lo único que le pido_

_Denuncias que posiblemente usted interpuso.

Anda señorita, mejor vallase a casa_

La mujer lo miró directamente a los ojos respondiendo sin dar tiempo al silencio.

_Crea lo que quiera agente, pero si investiga un poco vera que eso no es así_

Y sin despedirse se fue dejando tras la puerta el tintineo de una campana y a un hombre que no pudo apartar de ella la mirada hasta que se alejó lo suficiente para no poder verla.

 

Segundos después, la cartera en su mesa comenzó a atraerlo más de lo que él mismo esperaría. De una forma casi hipnótica.

Entonces sonrió, agarró la billetera con una mano, la puso frente a sus ojos un segundo y la guardó en el primer cajón de su mesa antes de apartar a la agente Clara del único ordenador de la sala para ponerse frente a el.

En el encontró, después de 15 minutos de búsqueda, un articulo.

Hablaba del extraño caso en un pueblo cercano.

Se informaba de algo similar a las historias que tantas veces le habían relatado estos últimos días los ancianos que a menudo lo visitaban.

En boskina, leía el policía en la vieja pantalla del ordenador, a veinte km al sur un hombre atacó, la noche del 22 de Enero, de eso hacía ya poco mas de un mes, calculó mentalmente, a un campista que encontrado en shock fue trasladado al hospital.

Una semana después interrogaron a la victima que no tenía heridas de gravedad solo las que él mismo se hizo en la huída que explicó, seguía leyendo, que su atacante era un hombre alto de ojos bicolor.

A Sam se le erizaron los pelos de la nuca al leer aquello. Sintió que su cuerpo tenía una vida a parte, en la que se emocionaba con cosas absurdas.

Siguió buscando, pero por más que miró no encontró otra cosa al respecto.

Una historia rara y demasiado resumida no tiene suficiente peso mas allá de la pura casualidad, pensó.

Los pueblos como estos suelen contagiarse los unos de los otros, y sonrió diciéndose a si mismo tonto.

Pero no pudo evitar, a pesar de todo, abrir el primer cajón de su mesa y sacar la cartera que minutos antes metiera sin una clara intención.

En su interior busco entre las facturas alguna que hubiese sido hecha hace mes o mes y poco, solo para descartar se dijo, y cual fue su sorpresa cuando encontró lo que buscaba.

Una factura que coincidía en fecha.

El nombre del hotel de dicha factura era Casa Pio, ¿sería un hotel de boskina?

Las dudas fueron resueltas y pese a todo lo que pudiera pensar si, el hotel Casa Pio era del mismo pueblo y la factura de este la situaba en el mismo lugar y en la misma fecha de aquel suceso.

¿Una casualidad?…

 

En el porche de su casa alquilada Sam observa el bosque en la noche.

No es una noche diferente a las demás, ni un bosque distinto al que vio la primera vez que llegó allí, pero si mas inquietante, seguro a causa de haber sido el confidente en tantas extrañas historias referentes a el.

Un virus, el de la superchería, demasiado contagioso.

 

Sentado en una silla de mimbre, lo único que creía bueno en aquel sitio de locos, y bebiendo un chocolate bien caliente, lo mejor para asustar al frío, comenzaron, como tantas otras veces los recuerdos.

Era inevitable para Sam ser absorbido por el pasado. Un pasado que por otro lado no dejaba de formar parte de su presente.

Pensaba en Alis. En como fue cautivado por ella.

De eso hacía tanto que resultaba extraño recordarlo tan claro como el primer día.

Su memoria, alabada por muchos, en momentos como ese se convertía en el enemigo numero uno en su vida.

Recordando a la chica con la que se casó años después, no podía evitar sentirse en parte vacío ahora que sabía el resultado de ese amor fracasado.

Fue tan inevitable para él enamorarse de ella que parecía de chiste lo poco que le costó olvidar ese amor.  

Se le hacía imposible no preguntarse como ese sentimiento simplemente pudo ser apartado sin más, dejando en su lugar ausencias y reproches.

Como fruto de ese amor olvidado, una niña, su hija, que atándolo al mas absoluto de los amores a la vez que al mayor fracaso de su vida, le recordaba cada día una gran lección de vida, la del amor y la lucha.

El dolor al que fue expuesta su hija con aquella separación atronadora es su carga mas pesada, y la decadencia de la pareja su cruz y su cuenta interinada.

 

Sam estaba haciendo enormes esfuerzos solo para poder ver a su hija el último año, la cual, llevada por su madre y la nueva pareja de esta hacia el norte, demasiado lejos de él para conformarse, lo hizo tomar una tajante decisión.

Así que fue tras ella con firmeza y convencido a pesar del sacrificio que eso sería para él al que tanto le gustaba su antiguo hogar.

Los días que lo dejaban ver a su hija resultaban insuficientes, siempre había sido así desde el divorcio, por lo que no estando demasiado lejos podía cumplir todos y cada uno de ellos. En esos momentos era lo único importante para él.

 

Pero una visión interrumpió las divagaciones que en ese instante lo apresaban.

Saliendo directamente del bosque la silueta de un hombre se acercaba.

Aun era difícil distinguir con claridad quien era, pero si se veía con seguridad que era un hombre alto.

Se levantó de la silla de mimbre sin perder de vista la escena dejando en el suelo la taza medio vacía que segundos antes agarraba. Y dirigiéndose hacia delante salió del porche gritando.

No obtuvo respuesta mas allá de lo que veían sus ojos.

Comenzaba a ser realmente raro.

_Oiga señor, _ volvió a gritar _ ¿Tiene algún problema?

Soy policía, ¿sabe? Puedo ayudarlo_

Aquel hombre, entre la oscuridad no detenía el paso que lento pero decidido iba a su encuentro.

Sam, después de unos segundos se detuvo, sin explicarse como, lo había perdido de vista, consecuencia por la que empezó a desaparecer la calma.

Ahora, presa de la inquietud esperó parado entre su casa y aquel bosque siniestro buscando con avidez.

Sus ojos despiertos movidos de forma loca se abrían como platos en el intento de ver algo, pero por mas que buscaba nada encontraba.

El hombre desaparecido de forma increíble ante él lo acobardó de una manera ya olvidada, regresándolo a un tiempo pasado en el que un niño asustado miraba bajo su cama.

El corazón le latía con fuerza, lo sentía en su pecho chocando con sus costillas.

Quería huir, pero la mente, curiosa y mecánica no lo dejaba.

Y ahí estaba parado en mitad de la nada, asustado, pero firme, apretando los dientes y con puños preparados, esperando sin ver nada.

Entonces todo se volvió negro.

La nada. Nada de soledad serena, de llenos olvidados, de frío templado.

La nada lo abrigaba llena de negrura densa.

Lo absorbía con resistencia callada, postrándolo en sus brazos ciego sordo y mudo. Y entonces todo se volvió blanco.

Blanco de luz cegadora, que daña y atrapa. Resistencia y gritos de rabia. Vida volcada.

Luz que daña pupilas de entrecerrados ojos que poco a poco se atenúa convirtiéndose en tu amiga.

Te muestra, así que mira.

Sam ve a una niña que arrodillada llora.

No sabe donde está, y por mas que lo intenta no puede alcanzarla. Si él se acerca ella se aleja.

Ahora ve a un hombre que en el suelo yace y entonces todo se completa.

La pequeña, arrodillada junto al cadáver de un hombre cubierto de sangre llora. Nadie la consuela, está sola y desesperada.

Tapa con las manos su cara, y Sam que ya no intenta acercarse la llama.

_Ven conmigo_ grita. _Por favor ven aquí pequeña_

La niña levanta la cabeza en respuesta a su llamada, con lo que logra ver su cara.

Cara de ojos distintos, uno negro y otro azul que surcados en incesantes lagrimas lo miran.

El corazón le da un vuelco.

Es ella, se dice. Es la niña de la foto. Es la mujer de esta mañana.

Y cuando mira con mas atención al hombre a sus pies lo ve claro, ya que ese hombre como la chiquilla también estaba en la foto.

Ahora la escena se borra apareciendo ante él aquel hombre instantes antes en el suelo.

Un hombre alto de ojos distintos y mirada tierna.

Sam ni respira y lo escucha.

Alma, mi hija, vio como me mataban.

Siempre intenté ser un buen padre, pero al final, por mi mala cabeza no conseguí mas que dañarla. Desde entonces estoy con ella.  

 

_¡¡Sam, ¿está bien?!! Despierte_

La voz conocida de una mujer lo llama.

La escucha tenue, en eco, pero está claro que lo llama.

Sam abre los ojos y ante el ve la cara de Alma.

Levanta la mano y la toca. Es real.

_ ¿Que haces aquí?_ Pregunta a la mujer sin dejar de acariciar su cara.

_Alguien me dijo que viniera_

_ ¿Alguien?_

_ Si_

Sam se reclina y la mira.

_Sabes quien es el hombre de la foto, ¿verdad?_ Le pregunta con ternura.

La muchacha le aparta la vista y tras un silencio vuelve a devolverle la mirada.

_ Si_ Le contesta con tristeza.

Y Sam la abraza y piensa; al fin llegué, ya no estás sola pequeña.

 

Mein Herz Brennt.

Nana que mi cuna meces.

Liberador canto que me absorbe.

Me arrancas la carne muerta y haces que mi sangre salga, resbalosa, húmeda, cálida, y llena.

Quiero ser mirado por ti, destrozado por ti, matado por ti.

No quiero esconder mi ser que desea ser. No quiero tapar mi piel que expuesta pide ser.

Quien dije que era no lo se, solo se que soy quien no puedo evitar ser.

Straight Out Of Line.

Me doy golpes contra un viento seco que rasga y marca.

Deja cicatrices de dolor intenso. Invisibles dibujos en una piel yerma que quema.

No lo entendí en el pasado,  aun no lo entiendo del todo y tal vez nunca lo haga pero, ahí sigo en mi avanzar estático dándome de bruces con la nada.

No me pararé incluso sabiendo lo inútil de este andar lento. Ya no importa si soy valiente o la mas cobarde del mundo, no me importa.

Esa soy yo, no hay más. No tengo más que mi deseo, no hay mas. No tengo más que mi esperanza, no hay más. No tengo mas, no mas que mis ganas, no hay más. No hay más que esto, y esto, ¿es igual que la nada?

Una vez creí que algún día tendría el valor para mover las  cosas que no podía cambiar. Ahora se que eso no pasó jamás. 

Mi mayor enemigo tiene un nombre, y ese nombre es el mio.

Yo soy, si, soy la bruja mala que mató a la princesa encantada que una vez creyó en el final feliz de un cuento.

Pero, ¿es este de verdad el final?…

Si es así decidme, que alguien me responda. ¿Que hago?

Aun tengo mi deseo, aun conservo mi esperanza, y aun están mis ganas…

Running blind.

Te oigo, y aun así no escucho. 

Aliento frío y seco que llena mis adentros de sentimientos inquietos.

Tú, la que una vez  me dio paz y ahora me quita libertad a mí, a quien fue cobijada por la calma.

¿Que pasó con lo compartido? ¿Porque no consigo recordar mas que lo perdido?

Y otra vez tú.

En mi cabeza retumba el eco de una vida violada, porque el recuerdo de tu memoria me daña hasta las entrañas.

En ella una dama perdida que llora y grita en agonía me llama, pero la ignoro y me aparto.

La desprecio y la observo en silencio sin darle el mínimo consuelo.

Aléjate bruja malvada, le digo no diciendo nada. Es tu culpa que me duela.

 Vete de mi lado, tú, corrompida que me intoxica y hiere.

En mis sueños metida, en mis pensamientos clavada, entre mis ojos pegada.

Siempre aquí mi fea bestia con sus alaridos de pena que sin consuelo no entiende mi deseo de no verla. Prefiero no tenerte a tenerte así tan maltrecha.

Muere maltratada conciencia que un día sin casi darme cuenta herí hasta romperla, y que observo en trozos esparcida dentro de un silencio metida.

Tú, a la que antes con mimo cuidaba, yo que fui tu amiga y te amaba. Yo, la misma, te dejo en la soledad la oscuridad y el silencio perdida.

Te abandono deseosa de verte lejos para que mueras en silencio y vencida, porque duele demasiado sentir que soy yo la que escondida te grita.

SUILEN – Magnolia.

 

No sabía que era esto.

Es un mundo distinto el cual nunca había visto. Nunca hasta ahora.

Todo resulta diferente cuando crees que nada impensado pasará. Cuando todo simplemente es normal, aunque sea solo algo que crees y al final resulte ser la ilusoria fantasía del inocente.

Y entonces dejas de serlo y comienza.

Ya no soy ese. Ya no soy esa persona inocente inmersa en esa fantasía ilusoria.

Me encuentro en un lugar desconocido al que creí no iría jamás.

Y aquí estoy, lleno de rabia y ganas de seguir el camino marcado por ella. Como si no hubiera en el mundo nada más que esta furia.

Resulta ser un sitio diferente a todo lo que exploré antes.

Mi antiguo mundo en este momento muerto, es incapaz de oponerse ante este nuevo yo.

Un nuevo ser deseoso de seguir el camino marcado por esta destructiva sed.

Murió el inocente y pagarás por ello, yo me encargaré de eso.

Vengaré al ángel y podré hacerlo, porque hora somos iguales.

Run.

http://www.youtube.com/watch?v=GjgLZEOih6k

Deja a su marido el desayuno preparado . Aun duerme y tardará un rato en levantarse, pero es lo que ella siempre hace.

Se va al trabajo tras coger su cartera con prisa. Nada distinto, esa suele ser su mañana.

En la oficina mas de lo mismo, facturas y mas facturas que  apiladas la esperan.

El trabajo empieza.

Lleva un buen ritmo, por lo que no aparta los ojos de un ordenador lleno de post it que recuerdan lo que queda.

Frente a ella, un  compañero de trabajo que hace poco empezó en la oficina llega, y las miradas comienzan.

Al principio se sentía molesta con sus persistentes ojos,  no era habitual para ella una situación como esa. 

Pero ahora, la molestia se convirtió en escapada en su rutina diaria, y comienza a intrigarla haciendo que se le escape alguna que otra mirada, miradas que de vez en cuando se encuentran con las suyas.

Llega a casa cansada, saluda a su marido que en el sofá viendo la tele espera a que la comida esté lista. No le da un beso ya que él ni la mira, así que camina directa a la cocina.

La comida, preparada en la mesa espera, y el hombre del sofá se sienta ante un menú de frialdad impuesta.

Sale de nuevo al trabajo, cinco horas más le quedan. Pero las horas ya no la cansan, pues una ilusión la espera.

En la puerta del edificio en el que la oficina en la que trabaja se encuentra, una inesperada sorpresa la aguarda. El chico que sin reparo día a día le regala miradas, con una joven se besa.

La unión de sus bocas la aplasta, haciendo que avergonzada se vaya.Y llorando en un oscuro lugar del alma encierra un corazón de secretos lleno que hace mucho no busca.

La jornada de trabajo  nuevamente acaba, él ya no ha vuelto a mirarla.

Está anocheciendo y camina, cuando llega y un helador frío la abraza al cruzar la puerta de su casa.

En el sofá, como siempre un hombre la espera. Lo saluda y no lo besa, él ni siquiera la mira.

Mientras cocina, alguien  llora por su perdida vida y se avergüenza de su huida.

Asesina que heriste de muerte a quien  fuiste, la que  muriendo llora, y de rabia  grita  para que le digas al extraño que espera, vete de mi vida.

A la que se avergüenza de quién la atrapa, a la que sabe que finges, a la que te recuerda que no existes, a la que te dice estás vacía, a la que ve que nunca gritas. 

Si, a ti. A la que ahora mismo dice, vete de mi vida.

Shame.

Todos observan a un chico nuevo en el instituto mientras recorre los exteriores con aire indescifrable.

Su pelo moreno, tan negro que seria imposible ser mas oscuro surcado por 3 mechones blancos a un lado, parece divertirles.

Pelo de largo ostentoso y liso asiático casi de cuento.

Con mirada serena de seguridad esplendida, ropas negras, un collar enorme, y piercings de plata por toda su cara, camina como uno más ignorando los murmullos.

Al rato se detiene repentinamente frente al exterior de una de las ventanas del edificio y sonríe a una chica que a través del cristal parece observarlo, pero ella no le devuelve la sonrisa, solo aparta la mirada bruscamente cortando toda forma de interacción.

Sin dejar de mirarla, el joven entristece de inmediato segundos antes de alejarse.  

Observa su alrededor fijándose por primera vez desde que llegó en como lo vigilan.

Ve muchas sonrisas que ya sabía estarían, y ni una sola le gusta, pero no le sorprende.  

Ojos y bocas, todos movidos por el mismo motor. Usuarios de un combustible que él jamás usará. El alimento de la norma.

Se comportan y hablan como marca una norma que solo ciega, que ata. 

Convertirse en uno más de esos mismos que lo miran riendo, ciegos por una prepotencia hecha de humo, nunca fue incluido en sus pensamientos.

No alcanzan a ver la variedad de un mundo lleno de infinitas formas.

Es como si todo lo que él ve les fuese negado por una ceguera que nunca podrá comprender.

La mayoría, sorprendidos al ser observados con tal fijeza por él callan y le apartan la mirada. Solo un grupo a su izquierda, los populares que creen controlarlo todo, los mas ciegos, mantienen sus ojos en él, y comienzan las burlas.

Ese tipo de gente al final, suelen ser tan parecidas entre si que resulta difícil diferenciarlos. Incluso se permite el lujo de sentir pena  antes de dedicarles una amplia sonrisa burlona con la certeza de lo que el acto le regalará.

Esto me va a costar una paliza, piensa, y la adrenalina del miedo comienza a crecer en su cuerpo antes de recibir el primer golpe.


Al terminar las clases, él chico regresa a casa con terrible dolor, han sabido donde pegar para no ser expuestos. Experimentó de nuevo la estrategia perfecta del cobarde.

Llama a su casa y espera inquieto intentando disimular el dolor, Solo desea acostarse un rato y descansar, mañana será otro día.

La puerta se abre apareciendo tras ella la joven que tras una ventana esa mañana le aparto la vista.

él la mira fugazmente y entra, pero antes de alejarse la chica se le abalanza llorando y lo abraza.

_Lo siento hermano_ Le dice con voz rota de dolor, a lo que él responde _ Lo se.

 They Say.